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Archive for abril 2010

Palestina: ocupación y gueto

«GUETO” es un recorrido por los distintos territorios de Cisjordania y Gaza, donde se muestran parte de las herramientas que utiliza Israel para la constante apropiación de tierras y recursos.

Ver video Vídeo de excelente calidad (formal y de contenido). Duración: 56 min.

En este contexto, Palestina desaparece ante los ojos del mundo, mientras Israel sigue contando con el apoyo de la Comunidad Internacional.

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La Doctrina Botín y el Tribunal Supremo

abril 14, 2010 1 comentario

He tenido ocasión de escuchar la intervención completa del ex-fiscal anticorrupción Carlos Jiménez Villarejo en el acto de ayer en la Facultad de Medicina de la Complutense, gracias al blog de Nacho Escolar donde está disponible. Como se sabe, ha levantado ampollas pues dice lo que muchos pensamos sobre la judicatura, pero en voz alta y habiendo sido destacado miembro de la carrera fiscal: que el Tribunal Supremo está siendo expresión del fascismo español, que los jueces (la inmensa mayoría) fueron cómplices de las torturas de la policía política franquista (BPS) y participaron en el Tribunal de Orden Público (TOP) hasta el último día,… Bien, todo ello suscribible y esa parte de la intervención  ha sido recogida, aunque muy parcialmente, por los medios de comunicación. Lo que no he visto en ninguno -quizá me equivoque- es la denuncia durísima que hace de connivencia entre magistrados del Tribunal Supremo (entre ellos los que hoy persiguen a Garzón) y el Banco de Santander (¡casualidad!, esta mañana escribí sobre él porque también controla la orientación de la universidad española) cuando desestimaron procesar a Botín por uno de los delitos fiscales mayores de la reciente historia de este país. Para más información sobre los tejemanejes jurídicos utilizados (la llamada Doctrina Botín), puede leerse este artículo del abogado Ramón Sacristán que ya alertaba en febrero de 2008 del grave deterioro de la justicia española. Y todo ésto ¿cuestiona el Estado de Derecho?

Las fábricas de ideas…

Desde hace años oímos hablar de los think-tank, de esos lugares no muy transparentes donde cerebros, supuestamente muy bien dotados, pensaban sobre nuestro futuro. Supuestamente, también, en nuestro beneficio. El lugar que antes ocupaban los partidos políticos, los movimientos sociales, las asambleas, la Universidad, la ciudadanía en su conjunto como elaboradoras de ideas y propuestas ha sido sustituido en los años del neoliberalismo por esas opacas instituciones.

Todas las ideas hoy en circulación a favor de la «bolonización» de la Universidad, por ejemplo, no son directamente ocurrencias de gabinetes ministeriales ni de reuniones de ministros de educación o universidades de los países de la Unión Europea. Son también eso pero, antes, hubo un trabajo intenso de esos think-tank ligados, claro está, a intereses empresariales que han construido todo ese discurso bajo el manto aparentemente neutral que otorgan esos que ahora se llaman «expertos» (expertos sí, pero a sueldo de alguien). El «Documento de gobernanza de las universidades» del ministro Gabilondo, por ejemplo, se elaboró utilizando los servicios de la Fundación CYD (Conocimiento y Desarrollo). Invito a visitar su web y comprobar quiénes forman dicha fundación y qué pretenden, para darse cuenta de inmediato que la vinculación a los grandes intereses empresariales privados ofende a la vista y que la «expertía» es una tapadera ideológica de lo anterior. Algunos datos: preside el Patronato, Ana Patricia Botín (¿les suena?); los patronos pertenecen a: INDRA, BANESTO, Santillana, ESTEVE, IBM, Telefónica, YAMAHA, FREIXENET,… Si pasamos al Comité Ejecutivo -los que llevan el día a día- veremos que el reducido grupo está compuesto por «agentes» del Banco de Santander, INDRA y FREIXENET.

Sobre lo que pretenden, ellos mismos lo declaran: Su objetivo es analizar y promover la contribución de las universidades al desarrollo, impulsar el carácter emprendedor de la sociedad española y ampliar los vínculos entre la universidad y la empresa.

¿Puede estar la Universidad -la producción y transmisión de conocimiento, el pensamiento crítico- en estas manos?

14 de abril, a por la III República

abril 13, 2010 1 comentario

Por supuesto, a por la III República, pero nos queda por definir qué República. Hay que promover, difundir, populizar,… la República hasta que llegue a ser una reivindicación natural de las gentes; y no olvidemos que la juventud actual cada vez se siente menos vinculada a los consensos «transacionales» de la Transición. Pero seamos también realistas, la correlación de fuerzas actual no nos es favorable: no somos capaces de cambiar la ley electoral secuestrada por ese régimen de partido único PP-PSOE, el cambio de la forma de estado la veo lejana. Y ojalá los periodos se acorten y las contradicciones se agudicen. ¡Por la Tercera!

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Presentación de «El naufragio del hombre»

Nos reúne aquí la presentación del último, de momento, libro de Santiago Alba Rico -que nos acompaña- escrito conjuntamente con Carlos Fernández Liria y editado por Hiru. Nos reunimos aquí contra los reclamos de una tarde soleada de sábado y contra el espectáculo del «partido del siglo o del milenio…», en fin… [en este momento, la sala de Cambalache se encontraba ya completamente llena]. El capitalismo es algo más que un modo de producción; no es sólo una de los modos en que la Humanidad se ha organizado a lo largo de la historia para producir, distribuir y satisfacer necesidades. Incluso admitiendo que este sistema económico -que es algo más que un sistema económico- supuso un extraordinario desarrollo de las fuerzas productivas -algo que fascinó al propio Marx- y un prodigioso avance científico y tecnológico, hoy parece bastante claro que asistimos por primera vez en la Historia a una situación crítica: es la primera vez que un sistema socio-económico amenaza la supervivencia misma de la Humanidad.

Y esta amenaza es doble, pero mientras de una de ellas existe creciente conciencia no podemos decir lo mismo de la segunda. La amenaza ecológica, el agotamiento de los recursos naturales, energéticos que son finitos frente a una voracidad infinita del Capital; sobre ciertas expresiones de esta amenaza es consciente un movimiento ecologista cada vez más extenso, aunque muchos sectores de él no hagan la necesaria lectura anticapitalista del problema. Pero la segunda amenaza, a la que se presta menos atención es la de la destrucción de los mínimos antropológicos del Hombre. No estamos hablando sólo del hambre, la miseria, las guerras,… consustanciales a la reproducción ampliada del sistema, es algo más. Es esta segunda dimensión destructiva del capitalismo sobre la que Santiago ha venido reflexionando de manera lúcida a lo largo de su obra, más que sobre el capitalismo desde el punto de vista económico o político. Le propongo que dedique una parte de su intervención a explicar este primer aspecto, esta dimensión «anti-antrópica» del capitalismo, de qué manera el mercado amenaza a la Humanidad. No puede existir Hombre donde no es posible construir nada estable, donde no caben sujetos, donde el mercado licua, disuelve toda consistencia; sólo son posibles «sujetos» post-modernos con identidades múltiples, flotantes, que tan magistralmente analizó Guillermo Rendueles en «Egolatría».

La segunda cuestión que plantearía a Santiago es, entonces, la siguiente: si esa determinación es así, así de absoluta ¿qué salida cabe? ¿desde dónde construir resistencias? ¿cuáles serían las condiciones para articular un sujeto político alternativo, el que debe producir el cambio hacia el socialismo?

La parte del libro escrita por Santiago, la primera, consta de una serie de textos breves, cuyo hilo conductor he intentado resumir. Muchos de los textos son conocidos, publicados previamente en Rebelión, La Calle del Medio, Atlántica XXII,… Quiero destacar algunas de las ideas, todas ellas muy sugerentes: la de «gag» frente al relato, el hambre insaciable, el derecho a la inmovilidad frente al turismo masivo,… Y uno de los textos más provocadores, a mi juicio, «El elogio del aburrimiento» porque supone una crítica radical a la industria del ocio, a esa concepción de la vida como una sucesión ininterrumpida de sensaciones… Siempre se disfruta leyendo a Santiago, para sufrir después tratando de asimilar las inquietantes reflexiones que suscita.

De la segunda mitad del libro, la de Carlos Fernández Liria, quiero destacar dos aspectos que me parecen los ejes de su discurso: una, la «conexión» Ilustración y Marxismo, y la segunda, novedosa a mi juicio en este texto, sobre la idea de Progreso. Frente a una cierta concepción del marxismo que postulaba -de manera muy mecánica- que las superestructuras ideológicas, jurídicas, etc. eran expresión de la infraestructura económica y, por tanto, serían barridas y sustituidas por otras en la nueva sociedad, tras la colectivización de los medios de producción, etc., Carlos defiende que las conquistas de la humanidad que expresa la Ilustración (la Razón, el Derecho,…) son irrenunciables, no tienen vuelta atrás; no es que el sueño ilustrado fuera imposible, o generara monstruos o esté (o deba ser) superado, es que el desarrollo capitalista es incompatible con la Igualdad, la Fraternidad, la Libertad: donde la Ilustración postulaba un «ciudadano», el Capital nos ha devuelto un «proletario», alguien que no tiene nada, ni familia, ni patria, ni medios de producción, sólo su fuerza de trabajo que ha de vender… Esta idea, Carlos la ha desarrollado muy bien en los libros de «Educación para la Ciudadanía», confluye con la un interesante grupo de marxistas catalanes, entre los que se encuentra Toni Domenech y el entorno de «Espai Marx».

La idea de Progreso, admite Carlos, es muy polémica y lo mismo podemos decir de su adjetivo «progresista» ¿qué podemos considerar hoy «progresista», qué se esconde bajo esa etiqueta? El avance científico y tecnológico del siglo XIX, y la idea de Progreso asociada a ellos, generaron un cierto optimismo histórico que estusiasmó al propio Marx, de tal forma que -en una cierta lectura del marxismo- se llega a pensar en el socialismo como un inexorable resultado del desarrollo de las fuerzas productivas. De la misma forma que el capitalismo había sustituido al feudalismo, no quedaba más que agudizar y acelerar las contradiciones del capitalismo para la llegada de la nueva sociedad, el socialismo y el comunismo. Poco que discutir a estas alturas sobre esta visión. Desde otro campo, fuera del marxismo, la ideología desarrollista tiene puntos en común y comparte una cierta idea de progreso: el mismo término de «países en vías de desarrollo» (todo un sarcasmo) tan querido de las agencias de Naciones Unidas, o las etapas de Rostow (todas las sociedades pasan por las mismas fase de desarrollo y todas se desarrollarán en la medida en que se inyecte capital, etc).

Además bajo el espejismo del «progresismo», desde la izquierda -o cierta parte de la izquierda- hemos aceptado acríticamente posiciones y discursos que tenían más que ver con las propias necesidades de desarrollo capitalista que con propuestas emancipatorias. Y aquí podríamos citar, a mi juicio, el pedagogismo y la educación en valores (que, por cierto, Carlos ha analizado muy bien a propósito de las luchas contra el «plan Bolonia»), el multiculturalismo, el relativismo cultural, el hedonismo de masas (que proféticamente denunciaba el Passolini de «Escritos corsarios» en 1974),…

Sin embargo, y a pesar de todo el descrédito actual de la idea de Progreso, Carlos propone que no podemos/no debemos renunciar a esta idea, porque es la idea de lo mejor. Leo algunos de los últimos párrafos del texto de Carlos: <<… cuando Kant afirmaba que «el género humano progresa continuamente hacia lo mejor», tampoco se equivocaba. La noción de progreso está hoy en día muy desprestigiada, por supuesto. … Pero cuando los filósofos hablan de «lo mejor», conviene no apresurarse a representárselo según los parámetros de la Escuela de Chicago. Sócrates decía que es mejor morir con dignidad que arrastrar una vida sin ella. Que es mejor saber que no se sabe que creerse sabio sin serlo. Que es mejor sufrir injusticia que cometerla. Que es mejor ser la víctima que el asesino. Que lo mejor que le puede pasar a un asesino es ser castigado por ello. No se puede pretender progresar en los dos sentidos a la vez: respecto a la dignidad y respecto a lo que nos aleja de ella. Y cuando la Ilustración afirma que progresamos hacia lo mejor, es preciso, hacerse cargo de que la interpretación de lo mejor depende aquí, inevitablemente, del viejo dilema socrático. Al final de la Apología, en efecto, Sócrates se despide de la asamblea con las siguientes palabras: «y, ¡ea! ya es hora de partir, yo a morir y vosotros a vivir… quién de nosotros se dirige a una situación mejor es algo oculto para todos, salvo para el dios».>>

Continúa Carlos contra la inexorable marcha de la Historia: <<La Historia puede caminar hacia el abismo. Pero la ciencia progresa hacia la verdad y el derecho progresa hacia la justicia. Una vez que sabemos el teorema de Pitágoras o que hemos elaborado el concepto de peso relativo, la ciencia ya no puede retroceder hasta hacerlos olvidar. Las conquistas científicas no pueden olvidarse científicamente.>>  Pueden deteriorarse las condiciones materiales para hacer ciencia… <<Pero, por procedimientos científicos la ciencia no puede sino progresar, nunca retroceder. Lo mismo puede decirse del derecho. Una vez que se ha otorgado el derecho de voto a la mujeres imposible arrebatárselo con arreglo a derecho.>> Y finaliza, contra el «hombre nuevo»… <<Mientras tanto, todos los intentos de pensar un más allá de este más allá que es el derecho, se ha estrellado contra el más acá de la religión, la tradición y el dogmatismo. Pero, por eso mismo, no puede haber peor jugada teórica que la de calificar el «progreso» de concepto burgués (como tantas veces ha ocurrido y ocurre en la tradición marxista y más aún en el movimiento antiglobalización). No se puede confundir el progreso con al espiral suicida del crecimiento económico capitalista. El capitalismo progresa en abierta incompatibilidad con lo que permite progresar al ser humano. Actualmente es el mayor de los obstáculos para progresar hacia lo mejor. Tenemos que tener derecho a decir que, en las circunstancias presentes, un plan de demolición sostenible (o de decrecimiento acelerado) supondría un gran progreso para el género humano.>> Y así acaba el texto de Carlos y el libro «El naufragio del hombre», cuya lectura os recomiendo a todos.

(Esta fue mi intervención -no transcrita literalmente, por supuesto- ayer sábado, 10 de abril a las 19:00 en la presentación en Cambalache del libro «El naufragio del hombre». A continuación intervino Santiago Alba Rico y finalmente mantuvimos un interesante coloquio, que finalizó pasadas las 21 horas, con la lectura colectiva y sorpresiva de «El ratoncito Roquefort» un cuento para niños escrito también por Santiago. Como no podría trascribir la larga y densa intervención de Santiago, creo que lo mejor es recomendar nuevamente la lectura del libro: para disfrutarlo y sufrir después.)

Cuando la patronal y la derecha piden «reformas estructurales», ¿de qué están hablando?

Como lo explica mucho mejor Albert Recio que yo, tomo un párrafo de un artículo (Breve diccionario de tópicos para salir de la crisis) publicado en la edición electrónica de mientras tanto y reproducido hoy en Rebelión, todo él muy recomendable:

reforma estructural. Si las cosas van mal es porque la estructura falla (otra propuesta razonable, pero donde la visión de qué falla en la estructura suele ser estrábica). Reforma estructural se traduce casi siempre en menos derechos laborales, adelgazamiento del sector público y recortes a todo el sistema de protección social. Aquello que algunos llevan meses exigiendo: hay que tomar medidas impopulares. Los resultados son de todos conocidos y no puede considerarse que allí donde se han aplicado las reformas estructurales los resultados hayan sido espectaculares ni que haya evidencia empírica de que en los países con menos estado y menos protección social se viva mejor o la economía sea más eficiente. Pero es una formula que gusta “a los mercados” (¡qué gran eufemismo!, cuando todo el mundo sabe que se trata sólo de un puñado de grandes grupos financieros y un reducido pelotón de millonarios mundiales que imponen sus intereses al conjunto de la sociedad).

Aquí sí que hay que tomar en serio lo de las reformas estructurales. Empezando por la financiera y entrando en todas aquellas actividades sociales y económicas manifiestamente mejorables y claramente necesitadas de una democratización social. No tardaremos en escuchar que lo que pedimos no son reformas, sino la revolución.

No quiero escribir sobre el juez Garzón

Creo que está casi todo dicho -y mucho bien dicho- sobre la figura del juez Garzón y sobre su procesamiento por el juez Varela del Tribunal Supremo. Garzón presenta suficientes aristas -su contribución a la criminalización de la izquierda abertzale («teoría del entorno») no puede calificarse de democrática- para impedir una ovación cerrada, pero la acusación contra él por intentar enjuiciar los crímenes del franquismo sólo debe concitar toda la repulsa y movilización posible. Y una reflexión, o dos: la primera, el fascismo está incrustado en lo más alto de nuestra judicatura; la segunda, dejemos de venerar la «santa transición». Dos buenos artículos, de hace ya un par de meses: El Supremo ¿complice del fascismo? de Vicenç Navarro y Con Garzón, a pesar de Garzón de Isaac Rosa.

Y como no quería hablar de Garzón y ya lo he hecho, ¿alguien se acuerda de la pandemia de gripe A? Pues habrá que empezar a pedir cuentas ¿no?

Estreno teatral

Aunque lo anuncié hace unos días, a propósito de la visita de Santiago Alba Rico, aprovecho la noticia en la edición de Rebelión de hoy para volver a informar del estreno de «B-52» en el Teatro Palacio Valdés, de Avilés, el próximo viernes día 9 de abril. ¡No os lo perdais!

Y más información en:  Rebelión.

OMS investigará uso de uranio empobrecido en Iraq

Una esperanzadora noticia: Carla Fibla informa que la OMS investigará el uso de uranio empobrecido y otras armas químicas prohibidas por parte de los ejércitos de ocupación norteamericanos y británicos en Iraq, en especial, en el asedio a Faluya. Las «armas de destrucción masiva» (las del «créame Usted que digo la verdad» de Aznar) existían, pero del otro lado, del de los invasores.

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¿Ha desaparecido la publicidad de la televisión pública?

Los que no hemos conseguido, todavía, desconectarnos totalmente de la tele («la vemos poco», decimos la mayoría) disfrutamos desde principios de año de las dos cadenas públicas estatales sin publicidad. ¿Es cierto o es sólo aparente? Cuando se anunció la decisión gubernamental se suscitó alguna crítica desde la izquierda (en concreto, Gaspar Llamazares) en nombre de una defensa de lo público (la disminución de ingresos publicitarios ahogaría más a la televisión pública), aunque desde otros sectores de izquierda se apoyó la medida: lo grave de la situación es que ahora la neoliberal UE abre un expediente para investigar si la medida «defiende suficientemente lo privado».

Creo que la medida ha sido acertada y que sin ella habría sido impensable, por ejemplo, ver al periodista asturiano Javier Cuartas explicar cómo escribió «La biografía El Corte Inglés» y el libro no llegó a las librerías porque ECI compró (¿secuestró?) la edición completa (Y esto ocurría ¡en 1991!). Lo mismo hizo con la segunda. Si no me equivoco el libro llegó a publicarse gracias al apoyo del hace poco desaparecido Javier Ortiz.

Pero volviendo a la pregunta inicial ¿ha desaparecido la publicidad de la television pública? En absoluto. Hay dos espacios, crecientes y mezclados, en los que la publicidad es protagonista casi única: me atrevo a decir que no existirían sin ella. Me refiero a la información deportiva y a esos programas llamados de sociedad (el «famoseo»), cada vez más iguales, más indistinguibles por aquello de que el mercado es capaz de disolver toda diferencia. Siempre me extrañó la función que cumplían deportistas (futbolistas, en especial) y allegados balbuceando palabras inconexas o frases tópicas día tras día delante de unas decenas de micrófonos («lo que diga el míster», «el fútbol es así», «el partido dura noventa minutos»,…). Encontré la respuesta hace unos años cuando con ocasión de una huelga de futbolistas que consistía en abstenerse de hacer declaraciones (sic) durante la semana, al cabo de sólo tres o cuatro días, se produjo una enfurecida protesta de las empresas anunciantes: ¡está claro! Lo de menos es lo que dice el futbolista, entrenador,… ¡son meros figurantes¡ Lo esencial -como casi siempre- está detrás, todas esas decenas de logos de marcas comerciales que ahora también están delante, en el micro, de manera que es difícil ver la cara del que habla. Galeano dijo con mucho ingenio hace años que la final de la copa del mundo de fútbol la disputaban Nicky y Adidas, y no las selecciones aparentemente enfrentadas en el campo (en la «cancha» decía él). ¿Cómo es posible, sin traer a escena el papel de la publicidad, que un Telediario se divida en «lo que pasa en el mundo que no es deporte (fútbol)» -en boca de un presentador/a- y «deporte (o sea, fútbol)» – a cargo de otro presentador que toma asiento al mismo rango que el primero?

¿Comparece Xavi o Sony, PlayStation, Heineken,...?

No ha desaparecido la publicidad, pero la pregunta es: ¿es posible en el capitalismo una televisión que no sea un trasiego continuado de mercancías?¿Es posible un deporte no mercantilizado, no profesionalizado, no espectáculo? La izquierda transformadora debería abrir este debate, pues forma parte de la cotidianeidad y es un elemento central de la construcción de hegemonía ideológica: ahí se «educa» materialmente la ciudadanía.