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¿Velo no, y Nike sí?

Pensaba escribir una entrada sobre la polémica del velo, pero se me ha adelantado de manera tan brillante e inteligente Santi Alba que tengo poco que decir. El lo ha dicho mucho mejor y de manera más completa en esta Tribuna en Diagonal: “Laicismo y mercado” (como no está publicado aún en digital, lo he escaneado de la edición en papel, a la que estoy suscrito y que recomiendo)

Añado el 9 de mayo: el artículo ya está en formato digital, ayer se publicó en Rebelión y se puede acceder desde aquí.

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  1. Antonio Rodríguez Cuenca
    mayo 11, 2010 en 11:40 pm

    Amigo Patricio. Mi opinión sobre esta cuestión tiene un enfoque distinto. Primero, quiero señalar que tiene un aspecto jurídico(“lo que es según las normas”), pues existen unas disposiciones relativas a la organización y funcionamiento del centro, aprobadas por su Consejo Escolar, conforme establece el artículo 127 de la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación, y que son de obligado cumplimiento, mientras no sean declaradas nulas por un Tribunal de Justicia o derogadas por otras posteriores. De esta forma, “yerran” en mi opinión, quienes sostienen la primacía del derecho a la educación para considerar inaplicables “per se” dichas normas de régimen interno.

    En un segundo momento, cabe preguntarse, dejando a un lado esa normativa de aplicación, sobre la procedencia (“lo que debe ser”, desde diversos parámetros de análisis,) de prohibir en las aulas la utilización de cualquier prenda que cubra la cabeza (no debemos olvidar que esa era la previsión contenida en la norma). Sobre este extremo, parece que existe la costumbre social, más arraigada en las personas de más edad, de descubrirse la cabeza en los lugares cubiertos, bien por respeto o consideración hacia los demás, bien por comodidad…, pero que habitualmente tiene lugar y especialmente cuando se mantiene una conversación con otras personas. En este sentido, por lo anteriormente comentado,dado que nos encontramos en un centro escolar en el que los alumnos van a estar un número importante de horas, no parece que exista inconveniente en que dicha prohibición se establezca, aunque sean por pura razón organizativa.

    En un tercer momento de mi reflexión sobre el tema, me pregunto si además procede prohibir la utilización del velo islámico en las aulas de enseñanza pública o concertada, o cualquier otro símbolo religioso en las mismas. En este punto, mi respuesta es rotundamente afirmativa. Las aulas constituyen el espacio del Estado, son un servicio público que responde a un derecho/deber de ciudadanía y en tanto aquél es aconfesional, no puede tolerar la existencia de esos símbolos religiosos en su espacio; y ello con independencia de que su existencia provenga de su instalación en los elementos del inmueble, o de su utilización por las autoridades académicas (no sería admisible un profesor con sotana, ni con velo islámico), como del propio alumnado, en consideración al valor del Estado en si mismo y por respeto a los demás ciudadanos (alumnos) que, no debemos olvidar, no se encuentran ante un servicio de recepción voluntaria, sino que están obligados a recibir la enseñanza, al menos, hasta los 16 años de edad. Cuestión distinta sería el espacio de la calle, el espacio de la ciudadanía propiamente dicho, donde cada uno podría ir vestido, como mejor le parezca o pueda, si bien podríamos preguntarnos sobre la conveniencia de prohibir, al menos, la utilización de prendas que impidan conocer la identidad de quien las utiliza (como por ejemplo el burka) por obvias razones de seguridad pública. El prohibir la utilización de prendas al estilo de la citada por razones de la discriminación que conllevan hacia la mujer, supone, en mi opinión, un riesgo grave de reglamentismo inoperante, al adentrarnos en el mundo de la valoración subjetiva, pues acaso ¿no se puede considerar gravemente discriminatorio y atentatorio contra las libertades el llevar indumentaria de clara simbología neonazi? ¿Acaso otros no pueden “apreciar” como claramente discriminatorio y atentatorio el que algunas personas vayan con camisetas de Stalin (no se si se venden, pero viene bien al caso…)? Creo que evitar todas estas situaciones desagradables va asociado más a la utilización de instrumentos de educación y concienciación social que permita a las personas comprender lo inoportuno de lo que representan, que a la utilización de vías prohibitivas, ya que éstas además, en muchas ocasiones,consiguen el efecto contrario al pretendido.

    Por último, sobre la conveniencia de prohibir los logos asociados a determinados productos de mercado, (siguiendo esa argumentación la prohibición habría que extenderla a todos los productos, sean de mayor o menor coste de adquisición), ciertamente la utilización de uniforme escolar me parece una muestra clara de la no diferenciación del ciudadano en formación, individualmente considerado, ante el poder/servicio del Estado y ante los demás compañeros; además, por razones prácticas incluso pudiera ser hasta más cómodo para las familias. Ahora bien, no debemos olvidar que dicha práctica está un tanto “quemada” por la herencia del franquismo y la imagen de adoctrinamiento que conllevaba, aunque ciertamente es momento de ir superando esas convicciones. Sin embargo y con todos los respetos para Santiago Alba y todas las personas que compartan su reflexión final, entiendo que no podemos equiparar, desde un punto de vista de la realidad normativa (remarco esto último, pues desde un punto de vista ético-filosófico-moral, pudiera ser otra cosa distinta, no exenta de muchos enfoques/discusiones), insisto, no se puede comparar, la simbología religiosa con la simbología o las marcas del mercado, pues claramente nuestro ordenamiento jurídico estatal y comunitario amparan la economía de mercado, afortunadamente con importantes posibilidades de intervención sobre los efectos indeseables del mismo.

    Sin más, sabiendo que este tema podría llevarnos más tiempo, te envío un fuerte abrazo.

    Antonio.

    • patriciosuarez
      mayo 12, 2010 en 7:29 pm

      Antonio, creo que el debate aquí planteado es político y no jurídico, en el sentido que lo planteas, pero bienvenida sea la aportación. Espero responder con más detalle, pero aquí va un enlace de interés “La religión de mercado”

  1. enero 2, 2011 en 10:35 am

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